lunes, 20 de septiembre de 2010

La Ética en la Teoría de las Relaciones Internacionales

“De la crítica a la comprensión, de la realidad al ideal”



PREFACIO


Las teorías clásicas de las relaciones internacionales han intentado explicar las causas de las interacciones en el sistema mundial, sus motivaciones, así como los órdenes que estas han configurado a lo largo del tiempo , dejando de lado a las consideraciones acerca del deber ser de estas relaciones y del valor que estas tienen, exclusión justificada en lo que llamaban el límite de lo científico, límite que ahora sabemos está, si no refutado, puesto seriamente en duda .



“Se exige la elaboración de teorías con mayor capacidad explicativa y predictiva, y que, en este sentido, tanto el análisis cuantitativo como el cualitativo son indispensables, es decir, que es necesaria una teoría de las relaciones internacionales al mismo tiempo empírica, analítica y normativa”



Es innegable el impacto decisivo de las revoluciones políticas, científicas-tecnológicas y las guerras sobre los clásicos enfoques teóricos . La restauración de las monarquías en la Europa del siglo XIX necesitó algo más que el clásico equilibrio de poder para constituir la llamada Santa Alianza , principios y valores fueron más que la novedad en las relaciones internacionales, la piedra angular para sostener lo que la historia demostró ser insostenible, a los pueblos alimentados por la ideología liberal-nacional, la socialista y en menor medida la anarquista.



La Primera Guerra Mundial demostró el alcance que podían adquirir los conflictos internacionales, que los medios utilizados y los principios proclamados para hacerles frente no habían funcionado, se demandó así nuevos enfoques para una nueva realidad, los que debían ser lo suficientemente ambiciosos como para evitar otro fracaso diplomático y con ello las consecuencias que había demostrado tener la guerra. De este modo surge el llamado idealismo wilsoniano , basado en la transformación del sistema internacional por un sistema institucionalizado, garante de la paz y la seguridad internacionales .



La Segunda Guerra Mundial fue el triunfo del realismo en la teoría de las relaciones internacionales , se demostró la utopía del idealismo proclamado en la Sociedad de Naciones, las fallas de la seguridad colectiva y la falta de un leviatán mundial, capaz de hacer cumplir los acuerdos, ya que los estados no han demostrado ser fieles observadores de sus propios compromisos. Compromisos que no han sido libremente consentidos , lo que nos permitiría preguntarnos legítimamente, si acaso los estados están realmente capacitados para cumplir sus obligaciones, cuando estas son producto de sus auténticas voluntades, la de sus pueblos, libres de coerción. Saber si las obligaciones son cumplidas sin necesidad de sanciones ante su incumplimiento, por el simple hecho de ser válidas moralmente, sin tener así la necesidad de constituir un poder coercitivo mundial, capaz de imponer el derecho . Sobre esta cuestión existe además de intensos debates teóricos, renuencia de parte de los estados, hacia la delegación de prerrogativas jurisdiccionales, al tiempo que se exige el cumplimiento de los acuerdos y se apela a la creación de instancias supranacionales, capaces de brindar seguridad jurídica .



Paralelamente al triunfo del realismo tras la Segunda Guerra Mundial y frente a la fuerza de los hechos, se levanta el iusnaturalismo, encarnado en los derechos humanos, una normativa que buscó limitar el poder del estado soberano para evitar que nuevamente la humanidad se estremeciera con las atrocidades que fueron producto del abuso de un poder que no conocía límites morales. Esto quiere decir que el triunfo del realismo, en las relaciones internacionales, estuvo acompañado por un idealismo persistente, el que no se opuso al realismo, por el contrario, surge gracias a este. Los hechos reivindicaron al iusnaturalismo sobre el iuspositivismo , ya que este último justificaba el absolutismo soberano, impracticable tras la constitución de las Naciones Unidas, las que con el clásico argumento del derecho natural, han servido para la creación de regímenes, algunos incluso por sobre los estados .



La Guerra Fría se levantó en el ceno de la nueva institución internacional, la Organización de las Naciones Unidas, la cual optó por la inclusión en vez que por un consenso más ambicioso en la esfera internacional, se repitió así el programa anterior de la Sociedad de Naciones, pero flexibilizándolo para garantizar la participación de las grandes potencias y lograr la efectividad que el anterior intento demostró no alcanzar. Sin embargo esto no significó un regreso al equilibrio de poder, anterior a la Primera Guerra Mundial, fue más bien un punto medio entre la clásica estructura anárquica y el idealismo de la primera posguerra . Fueron las consecuencias del nacional socialismo y de los regímenes totalitarios los que originaron la necesidad imperativa de un mínimo normativo internacional, basado fundamentalmente en el respeto por los derechos humanos .



Durante la Guerra Fría las ideologías constituyeron la fuerza motora de la expansión de ambos bloques, se debatían modelos de sociedad, justificados en ideales escritos. Es innegable el peso que tuvo la teoría de Marx, la de Lenin y la de Trotsky, en la realización de la revolución rusa y en la expansión y mantenimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo mismo en cuanto a la teoría liberal para el bloque occidental, liderado por los Estados Unidos de América. Esto no significó claro la materialización de los ideales, más bien fue la instrumentalización de los mismos .



“La Guerra Fría polarizó al mundo en dos bandos claramente divididos, armados y movilizados bajo banderas opuestas”



La caída del muro de Berlín y el posterior desplome de la U.R.S.S. levantó no solo la preeminencia de uno de los bandos, significó el auge y el prestigio para la teoría realista , ahora con un sentido liberal más definido .



El fin del milenio estuvo marcado por la hegemonía de una estructura que comenzaba su decadencia, el neo-liberalismo norteamericano, conceptualizado por algunos de neo-imperialismo , el cual permanece en la actualidad y que se enfrenta a la profundización de su decadencia. La amenaza de un colapso ambiental con consecuencias irreversibles, el aumento de la pobreza y de las pandemias en el mundo, la crisis alimentaria, la crisis energética, las guerras de guerrillas y el terrorismo transnacional, la amenaza de una eventual guerra nuclear, las crisis financieras transnacionales, la pérdida de legitimidad producto de un uso maleable del derecho internacional, la emergencia de bloques regionales, económicos y políticos, de grandes fusiones privadas. El aumento de las relaciones a jurídicas, paralelas a la ley, evidenciando la coexistencia de dos sociedades, de dos realidades paralelas, incluso dentro de los mismos estados, la estratificación social y el multiculturalismo demuestran un proceso contradictorio entre integración planetaria y exclusión social. La estructura asimétrica de las redes de interdependencia entre los países del norte en cuanto a los del sur, el fracaso en el logro de las políticas comerciales, la transmisión de conflictos internos entre los estados, evidenciando las diferencias culturales y resaltando las demandas comunes. La inmigración masiva y su instrumentalización, la expansión de los medios masivos de comunicación y de la red informática transnacional, la ineficiencia de las organizaciones internacionales y la lentitud de su proceso de institucionalización, la pérdida de gobernabilidad en los estados soberanos. Todos hechos globales, públicos y de urgente tratamiento, el cual si bien no ha sido materializado, o solo parcialmente, se plantea en el ceno del enfoque normativo en la teoría de las relaciones internacionales, el único que encara explícitamente la ética en la teoría, ya que podríamos decir que los enfoques tradicionales, sobre todo los más cercanos al realismo político y al neo-positivismo omiten análisis acerca del deber ser y los valores, por considerarlos o subjetivos, irrelevantes o un campo independiente al político, al poder, siendo que en ellos mismos es inevitable identificar juicios normativos, claro que no fundamentados.



“La comunidad internacional existe, tiene una dirección, tiene logros que cuentan en su haber, y cada vez más, está desarrollando una conciencia…la comunidad internacional es un trabajo en evolución”



El enfoque normativo en la teoría de las relaciones internacionales está en búsqueda de la resolución de estos nuevos y viejos problemas, el que además de ser realista necesitaba ser interdisciplinario e inclusivo y por sobre todo normativo, ya que tiende a remediar los estragos de la desregulada globalización. Este enfoque intenta responder a las demandas planetarias, proponiendo modelos de sistema mundo, capaces de contenerlas y solucionarlas, es un enfoque además de contemporáneo, distinto a los tradicionales, por centrarse en las cuestiones éticas y morales, íntimamente relacionado con la filosofía política. Es la respuesta al neo-positivismo metodológico, desde una visión holista de la ciencia, donde hechos, normas y valores son imprescindibles para el análisis, esto para insertarse coherentemente dentro de las observaciones empíricas de un mundo, el que además de ser uno, demanda ser interpretado integra y coherentemente por las distintas ciencias en su conjunto.



“De una manera o de otra, el destino de la humanidad en el nuevo milenio dependerá de la restauración de las autoridades públicas…Esto nos plantea un doble problema. ¿Cuáles serían la naturaleza y las competencias de las autoridades que tomen las decisiones-supranacionales, nacionales, subnacionales y globales, solas o conjuntamente? ¿Cuál sería su relación con la gente a que estas decisiones se refieren?”



Las preguntas en torno a la autoridad política nos llevan inexorablemente a un análisis ético de lo político, ya que de lo contrario tendríamos que asumir el hecho de lo público como algo incuestionable. Cuando esas preguntas en torno a la autoridad exceden lo que entendemos positivamente como lo político y lo nacional hacemos referencia a un marco más amplio de autoridad al cual podríamos llamar como sociedad global. Existen dos principales perspectivas en este enfoque normativo, el comunitarismo y el cosmopolitismo, ambas comparten el mismo fin, el bien común, difieren en los medios para alcanzarlo, diferencia justificada en concepciones éticas y ontológicas disjuntas de la comunidad política y de la persona humana . Así los comunitaristas ven en la comunidad en su conjunto, en el Estado-Nación, el lugar más indicado para desarrollar y dar respuesta a las demandas sociales, justificando la soberanía nacional. Los cosmopolitas proponen trascender la estructura del moderno estado para depositar la soberanía en los individuos, los cuales serían parte de una comunidad universal . Los comunitaristas ven en el contexto cultural la realización de la identidad humana, mientras los cosmopolitas ven que una parte de la identidad es a priori de todo contexto cultural, al tiempo que la parte a posteriori, es más una construcción social que un vínculo con las tradiciones y los símbolos culturales, que es lo que plantea el comunitarismo.



El debate comunitario-cosmopolita, tal como lo conocemos hoy es contemporáneo, a partir de la década del ´80 encontramos las primeras discusiones insertadas en el campo de la filosofía política, momento en el que las posiciones eran, además de opuestas, bastante polarizadas. Los vestigios modernos del enfrentamiento son remontables a la crítica de Hegel a Kant, a la diferencia entre el sentido universal de la ilustración y la dialéctica en el pensamiento moderno .



No es hasta fines de siglo pasado y principios del presente cuando se puede observar un acercamiento entre las posiciones, se apela a una realidad más o menos descripta de formas paralelas, pero que al mismo tiempo han encontrado valiosos elementos comunes. A decir verdad, se ha enfatizado en que la libertad, la seguridad, la diversidad y la participación política, son valores y principios que tanto el comunitarismo como el cosmopolitismo deben resguardar y promover de forma imprescindible, se ha llegado a decir que los comunitarios se han hecho cosmopolitas liberales, en un sentido restrictivo, este es el caso de Michael Walzer, quien en un principio compartió más con Mcintayre y la esfera comunitaria más radical, pero que al paso del tiempo se ha aproximado al cosmopolitismo en varios aspectos . Es este nuevo debate, sobre la base de un consenso, el más actual, sobre el cual versará la investigación, clasificado por Axel Honneth como metateórico, por la posibilidad de insertarse dentro de la corriente liberal en varios aspectos, aunque no en los centrales, sobre los cuales se identifican las controversias.



Digamos que la tradición democrática es el marco ideológico que contiene al nuevo debate ente comunitarios y cosmopolitas , donde los primeros son más liberal-demócratas y donde los segundos son más social-demócratas, internacionalmente hablando claro . La diferencia radica también en los medios para alcanzar y mantener estos valores y principios democráticos, los que se interpretan de formas distintas, respondiendo a visiones distintas de la sociedad . Una más liberal-clásica y la otra más cercana al estado de bienestar o a la democracia igualitaria (social-democracia).



El conflicto teórico pasa por los conceptos de justicia, de individuo, de sociedad/comunidad política, de soberanía, de moral y de sistema internacional. De esta forma se le dan significados distintos, respondiendo a las dos tradiciones teóricas.



Para los comunitarios la justicia es una institución política-cultural, producto de la moralidad compartida dentro de cada comunidad, la cual solo se puede entender desde la comunidad misma y no desde fuera de dicha comunidad. Reconocen un minimalismo moral compartido por todas las comunidades, pero dicen que el mismo no es suficiente para la construcción de una justicia global, esto porque son las particularidades locales, sus contextos históricos, sus tradiciones, las que varían de comunidad en comunidad, las constitutivas de la moralidad, la que entonces sería idéntica a su propia comunidad y que hasta podría parecer extraña o contraria para las moralidades de otras comunidades. Por esto cualquier intento de constituir una justicia global atentaría contra la diversidad cultural, implicando uso de coerción y altos costos. Los cosmopolitas en tanto ven a la justicia como una institución global, la que es producto de una realidad global compartida, sustentada en una única naturaleza del ser humano, la cual demanda recursos básicos y la satisfacción de necesidades que no reconocen fronteras como las existentes en los estados nacionales.



El comunitarismo ve que el individuo se concibe solo en el marco de la cultura particular que lo engendró, la que le brindó una cosmovisión particular así como su rol en dicha sociedad. La comunidad cultural le transmite fraternidad y permite identificarlo con lo que es, como un ser colectivo e interdependiente. El cosmopolitismo por otro lado ve que el individuo es un ser universal, poseedor de derechos y obligaciones que emanan de su naturaleza como ser humano, el cual es ser interdependiente a nivel global, producto más de una realidad compartida que de vínculos simbólicos o producto más de símbolos ampliamente compartidos y consensuados, si se quiere, que por símbolos más comunitarios, sostenidos por el pasado y ligados a las relaciones específicas, concretas o particulares. Los cosmopolitas creen en que la identidad es más producto de la voluntad, y de la conciencia de los sujetos, que de las costumbres, contextos particulares y creencias sostenidas por las distintas tradiciones. Los comunitaristas insisten en que la identidad es una construcción cultural particular, contextualizada, concreta, totalmente ligada a las cosmovisiones, creencias y costumbres sostenidas por las diversas tradiciones humanas. Estos creen en que la voluntad incluso no es libre por estar determinada por estructuras cognitivas de base, conceptos, valoraciones, etc, Incluso sostienen que a veces no es la voluntad o la razón la que determina la conducta, existen factores irracionales, emotivos e inconscientes que intervienen en la construcción de las identidades. Los comunitarios insisten en que las identidades están ancladas al pasado mientras los cosmopolitas quieren resaltar el hecho de que todo es falible, de que la cultura es creación humana, creación producto de la voluntad, la cual antes de estar ligada a una base es libre, puede innovar y autodeterminarse.



Para el comunitarismo la comunidad es local y se extiende por vínculos solidarios que tienen un origen en la tradición y en lo ancestral, vínculos locales que permiten una natural vida política. Son aquellas comunidades morales en donde se comparte un sentido máximo de cultura, es decir una moral ampliamente comprensiva, una lengua y una historia compartida. Los cosmopolitas en cambio ven que la comunidad se entiende doblemente, es internacional y local al mismo tiempo, esto porque es solo en el ámbito mundial donde se pueden resolver los conflictos societarios, los que se reproducen localmente hasta en las comunidades más cerradas culturalmente. Para los cosmopolitas la comunidad está constituida por vínculos reales más que por símbolos y construcciones abstractas sostenidas por el pasado, de este modo la comunidad es multicultural, multilengüista y tan local como universal. Los comunitarios insisten en que la realidad es la de cada comunidad mientras los cosmopolitas apelan a una realidad global, la que evaluaría a las supuestas realidades locales, la cual también estaría construida sobre la base de símbolos y convenciones pero en vez de locales o comunitarios universales. La discusión se plantea también como el problema de las jerarquías o primacías normativas, para unos los acuerdos universales son categóricos, para otros lo único categórico es el acuerdo subjetivo con uno mismo, en el medio están los comunitarios que creen que lo categórico es el acuerdo no de uno consigo mismo, tampoco los universales, sino los locales o culturales particulares.



Para los comunitarios la soberanía debería ser una potestad de cada comunidad cultural/local, es el instrumento jurídico que permite la autodeterminación nacional como también la defensa de la propia comunidad. Mientras tanto los cosmopolitas ven que la soberanía debería ser individual o universal o simplemente dejar de existir. Para algunos de estos la soberanía podría ser el instrumento que permite la autonomía personal y la protección del sujeto como miembro de la comunidad local y global, o en las palabras de Beck; “comunidad glocal”. Para otros cosmopolitas, menos liberales si se quiere, o más socialistas o marxistas, la soberanía o debería ser de todos (no de individuos particulares), es decir universal, o debería no existir, ya que debemos reconocer que de nada somos dueños como de que todo debe ser consensuado.



Para los comunitarios la moral es una institución intersubjetiva y emocional, propia de cada comunidad cultural, la moralidad es creadora de normas para la interacción, normas atadas a consideraciones últimas de valor transmitidos intergeneracionalmente, normas que no siempre son las promulgadas por la autoridad política, ya que esta última también legisla sobre consideraciones de conveniencia y prudencia. Los cosmopolitas entienden que la moral es una institución racional dadora de normas para la interacción, producto de un debate intersubjetivo entre miembros culturalmente distintos, creen que si la autoridad se aísla de ella es por falta de participación ciudadana, ya que autoridad deberíamos ser todos y cada uno. Creen también que tanto las normas como los valores son susceptibles de acuerdo racionalmente motivado entre personas distantes o cercanas tanto física como culturalmente. Para unos la moral es de cada comunidad, para otros es universal. Para estos últimos es universal porque es de cada individuo particular y/o de la humanidad toda, dependiendo de si nos ponernos del lado de los demócratas radicales o si nos ponemos del lado de lis liberales más clásicos o comunitarios.



Para los comunitaristas el sistema internacional es la simple suma de las comunidades culturales, no constituyendo una comunidad en sí, por lo que no es correcto atribuirle moralidad o criterio de justicia alguno a este sistema, ya que estos son solo elementos de las comunidades culturales específicas. Concebir a una comunidad internacional por extensión de la comunidad cultural sería una falsa analogía . Si bien la sociedad internacional existe y como tal posee normas y valores ampliamente compartidos, los mismos no son suficientes para considerarla una comunidad, más aún sus normas y valores están hechos para resguardar a las comunidades concretas, a sus soberanías y culturas específicas, a sus propias formas de entender el mundo, la vida y la justicia por ejemplo, no para atentar contra ellas, contra sus fronteras. La sociedad internacional es una sociedad de comunidades, no una comunidad en sí. Los cosmopolitas también entienden que el sistema internacional representa algo así como una mancomunidad de comunidades, ámbito donde existen normas y valores compartidos, pero es ámbito en transición ya que en él se engendra una cultura común sobre la base de la historia y la fuerza de los hechos. Es más, es la comunidad internacional la única capaz de responder a las demandas sociales de una manera efectiva, la que cuenta con hechos para su justificación, hechos tales como el mundo compartido y la interdependencia. Es la construcción de una auténtica comunidad internacional la que hoy en día se levanta como la única solución para la realización de la supervivencia pacífica, la autodeterminación de las comunidades particulares y para la emancipación de los individuos.



INTRODUCCIÓN



El comunitarismo y el cosmopolitismo justifican dos rumbos distintos a tomar en el desarrollo de la actividad política contemporánea , nos hablan acerca de los ideales a los que deberíamos apuntar en comunidad, muy importantes ya que sin estos navegaríamos sin un rumbo claro, en el mar de la incertidumbre, más susceptibles a las influencias autointeresadas y facciosas, egoístas y con proyectos solo a corto plazo, las que se “benefician” de la falta de principios definidos por los pueblos, principios que son rectores de las conductas. Así las acciones de los agentes se justifican en sus principios éticos, de este modo y así como aclara Hare:



“si tuviéramos que preguntarnos cuáles son los principios morales de una determinada persona, la manera más segura de obtener una respuesta correcta sería examinar lo que esa persona hace” .



La humanidad ha necesitado siempre de ideas que justifiquen los caminos que toma su conducta, ya sean ideas estas de origen religioso, científico y/o cultural. Cuando las ideas sobre lo que es y sobre lo que debería ser cambian, la conducta se ve afectada. Al cambiar el conocimiento, la planificación que se hace de la conducta, basada en que ciertas acciones nos llevarán a ciertos resultados, se ve alterada porque ya no se esperan los mismos resultados como consecuencias de las acciones que se creían apropiadas para ello, se transforman así las conductas en base a los nuevos significados, a los nuevos paradigmas.



En una sociedad como la internacional, con múltiples significados, todos al parecer igualmente legítimos, queda abierta la elección de estas distintas ideas por las distintas personas, dependiendo de sus convicciones individuales y/o de grupo, justificando conductas diversas y practicándolas públicamente.



“No hay poder sin una verdad que se enuncie y se muestre, la dominación de los hombres requiere algo más que la exposición de las fuerzas y del uso de castigos, el terror es insuficiente, se necesita de una narración, un mito, alguna ciencia, el enunciado de alguna verdad que se atribuya al poder y al poderoso.”



Wendt afirma que el sistema internacional está construido y se transforma por las ideas y valores compartidos, los que no solo configuran los órdenes políticos, sino que además lo dotan de identidad . Se hace entonces indispensable un análisis crítico de los presupuestos morales defendidos por estas dos tradiciones, la comunitaria y la cosmopolita. Es porque son las personas las que hacen las instituciones, regidas por sus juicios valorativos, el que se haga vital el análisis de estos juicios para comprender y describir tanto a las instituciones que existen como a las que deberían existir.



Los argumentos presentes en ambas corrientes del enfoque, los que sustentan a las posiciones en conflicto, los que claramente no colman el debate, se deben abordar desde un análisis ético, esto por tratarse de teorías del deber ser y los valores, fundadas claro en enunciados del ser . Este análisis podría ser encarado de distintas formas, respondiendo al objeto ético de estudio, pero en el caso de que el objeto sea el análisis crítico del enfoque normativo en la teoría de las relaciones internacionales, se hace necesario utilizar la forma más adecuada, es decir, la metodología ética idónea para tal fin.



Dentro de las metodología propuestas por la ética, destaca la descriptiva o antropológica, esta da cuenta de los contenidos axiológicos y normas particulares (moralidad) de una determinada cultura o tradición teórica, en un determinado tiempo y lugar. La metodología propuesta por la ética normativa va más lejos, al dar cuenta de los contenidos axiológicos y normativas que deberían regir en una cultura determinada, es la utilizada en la filosofía política y en el enfoque normativo de la teoría de las relaciones internacionales, es la que hace un análisis crítico sobre una descripción moral existente o potencial. La ética aplicada se refiere, como la palabra lo dice, a la aplicación de la ética, entendida esta como una serie de principios y valores ya acordados, en el desarrollo científico y profesional en particular, a los contextos prácticos, no siendo instrumento del enfoque normativo de las relaciones internacionales. Por último, la metaética, es la que se pronuncia acerca de la naturaleza de los juicios de valor, es decir, acerca de cómo concebimos a estos, los que desde este punto de vista pueden ser racionales o emocionales, objetivos o subjetivos, individuales, étnicos-nacionales o universales, entre otras variantes claro. Es este método el que nos permite identificar los fundamentos de las normas, nos permite un análisis sobre el por qué las normas tienen tal o cual contenido. El discurso metaético se expresa en un metalenguaje, es decir en un lenguaje que explica a otro lenguaje, donde el metalenguaje sostiene la validez del lenguaje. En ética el lenguaje metaético es metalenguaje de los discursos normativos, los que a su vez transforman los análisis de ética descriptiva, o son metalenguaje de esta última.



El interés por identificar cual es el modelo teórico normativo más plausible para ser perseguido por las actividades políticas internacionales, hace necesario analizar, tanto a los discursos éticos, como a las descripciones de hechos. De esta forma se integrará a un método empírico, para contrastar la realidad descripta por la teoría, con un método ético, para contrastar los discursos normativos.



El análisis metaético del comunitarismo y del cosmopolitismo puede ser utilizado para hacer un seguimiento de la lógica interna que deberían tener los discursos normativos presentes en estas teorías , esto ya que como se dijo, la ética normativa da cuenta del deber ser de una moral anteriormente descripta, por lo que la coherencia entre un discurso normativo y la posición metaética que lo fundamenta, además de la contrastación empírica, representa un método más completo y como tal más riguroso por el cual podremos formular enunciados normativos justificados.



Ambas corrientes, comunitarismo y cosmopolitismo, son teorías que, como ya se dijo, parten de una descripción del ser, sin embargo su objetivo es un discurso acerca del deber ser, es decir, teorías normativas; las que están fundadas en concepciones del método por el cual se conocen, si es que es posible, las verdades morales; las que si existen para ambas corrientes, ya que de lo contrario, de ser escépticas, no propondrían ideales sociales, esto es, normativas propuestas como deseables.





Las distintas concepciones metodológicas para conocer las verdades morales son las mismas variantes de la metaética, de este modo, el que se muestra escéptico sobre la existencia de verdades morales se identifica con el escepticismo ético, el que cree que las verdades morales son análogas a las verdades que se extraen de la observación de la naturaleza, se identifican con el naturalismo ético, el que cree que las verdades morales existen para cada individuo particular, se identifica con el subjetivismo ético, el que cree que las verdades morales existen entre personas partes de una comunidad particular, se identifican con el relativismo ético, el que cree que las verdades morales se construyen socialmente, se identifica con el constructivismo ético, el que cree que las verdades morales son producto de una naturaleza dada o preexistente a toda práctica o interacción social, se identifican con el prescriptivismo ético universal, el que cree que la verdad moral es que las valoraciones éticas son producto de emociones o intuiciones irracionales que surgen en la práctica de los agentes, estos se identifican con el emotivismo ético o el intuicionismo ético respectivamente; estos suelen negar toda posibilidad de juicio ético a priori de la práctica, más aún proponen que tal intento es injustificado por ser distinto un juicio racional de un impulso emotivo, intuitivo o instintivo . Los que creen que las verdades morales son verdades acerca de hechos concretos se identifican con el realismo ético, los que creen que las verdades morales no son cognoscibles se identifican con el no cognitivismo ético, mientras que todos los que proponen métodos o formas en las cuales se conocen estas verdades se identifican con el cognitivismo ético. Sin duda existen más vertientes y es posible que en la práctica se presenten fusionadas o complementadas más que puras, autónomas e inconmensurables.



Un análisis de la lógica entre el discurso normativo y su posición metaética, por un lado y un análisis empírico, que es lo que la teoría describe como real, por el otro, representa un análisis más completo y más adaptado a una realidad cada vez más interparadigmática y compleja. Representa un análisis superador de reducciones metodológicas ya injustificadas como las hechas por la teoría de sistemas, un análisis del cual si se llega a una síntesis significaría el acercamiento entre posiciones metaéticas, normativas, ontológicas y epistemológicas, que eran conflictivas, de este modo se unirían fuerzas entre comunitaristas y cosmopolitas, en base a un acuerdo mutuo más amplio, es decir, de un sentido político más definido para las conciencias colectivas y menos susceptible de ser utilizado para justificar políticas contradictorias, existentes sobre la base de ideales opuestos. Esta síntesis significaría también que el análisis empírico debería estar integrado imprescindiblemente al análisis metaético en la teoría normativa de las relaciones internacionales, y tal vez, en el resto de los discursos normativos.



“Cada sueño podría ser el futuro, pero los sueños son competitivos, las visiones son distintas y deben efectuarse elecciones…Los imperativos siempre desafían al hoy con las posibilidades del mañana, cada decisión es un voto a favor de uno de los sueños…Cada competidor comienza por establecer una sombra contemporánea del futuro que celebra…El argumento debe ahora pasar al plano de la moralidad política abstracta, debe moverse hacia argumentos de teoría utópica”



El análisis metaético sugiere un estudio paralelo, relativamente independiente, esto básicamente porque la metaética es un análisis crítico sobre la naturaleza de la ética en sí misma, es decir, sobre qué es un juicio ético, cuál es su contenido y significado, si es cognoscible o no, y si lo es, por quien o quienes. ¿Tola la humanidad? ¿Seres racionales o irracionales?



La metaética es objeto propio y tal vez casi exclusivo de la filosofía moral. Peter Singer identifica al realismo, al intuicionismo, al naturalismo, al subjetivismo, al relativismo, al prescriptivismo universal, y al psicologismo, como corrientes de pensamientos en este ámbito, en el cual también se debate acerca de la metodología y la teoría moral. Estas corrientes han sido trabajadas por distintos autores, representantes de los distintos pensamientos. La idea es hacer explícito los argumentos metaéticos y los fundamentos empíricos de estas dos tradiciones, identificando los juicios de valor en ambas, contrastándolas, comparándolas y haciéndoles un seguimiento lógico para identificar contradicciones, las que se intentarán de superar un una síntesis teórica y metateórica. Esto es así ya que se parte de la hipótesis de que si pasamos a ambos discursos por un examen lógico y empírico obtendremos como resultado un solo discurso integrado.



La coherencia metaética en los discursos normativos estará dada por el mantenimiento de posiciones metaéticas que no sean contradictorias entre sí, el criterio para identificar las contradicciones será la lógica más simple y evidente, la convencional o formal o aquella incluso llamada como sentido común o reglas para validar discursos . Un principio también lógico es no caer en el error de querer explicar y dar cuenta de una corriente desde la visión de otro autor que la critica.



Dentro de los trabajos sobre metaética no encontramos el intento de relacionar a esta con la filosofía de lo internacional, en particular con el cosmopolitismo y el comunitarismo, ni tampoco integrar su análisis al tradicional método empírico. No encontramos trabajos sobre estas filosofías, vistas desde una perspectiva metaética y empírica al mismo tiempo, es decir no encontramos un examen exclusivo de fundamentos, independiente de la naturaleza de los mismos, ni tampoco el intento explícito de lograr una síntesis entre estos paradigmas presentados como opuestos. Es por esto que se podría decir que el intento explícito de encarar los debates normativos, desde la metaética como instrumento de análisis y contrastación lógica, junto con el análisis empírico, para contrastar los hechos, con el fin explícito de concluir normativamente, no ha conocido precedentes ni en la filosofía política internacional, ni en la filosofía moral.



La estructura del trabajo responde a un criterio ordenador, el cual a su vez, responde a una serie consecutiva de interrogantes, los que a su vez permiten la construcción de los objetivos. Estos interrogantes son:



¿Es posible afirmar que las distintas visiones acerca de cómo organizar el poder, ya sean estas más comunitarias o cosmopolitas, están sostenidas, además de por discursos empíricos, por las distintas posiciones en la metaética? Es decir: ¿Tiene cada discurso normativo un fundamento metaético que lo sostiene, además del tradicional fundamento empírico? Si esto es así, ¿Sería apropiado entonces contrastar cada discurso normativo con su fundamento metaético interno, además del contraste empírico? Si la respuesta es otra vez afirmativa, ¿Sería válido refutar una teoría no solo cuando no pasa el examen empírico sino también cuando cae en contradicciones metaéticas internas? Si volvemos a decir que si y analizamos al comunitarismo y al cosmopolitismo, desde esta perspectiva, ¿Encontramos contradicciones de este tipo en alguno de estos paradigmas? Si las contradicciones son identificadas. ¿Cuál sería el resultado teórico final obtenido tras la comparación entre los paradigmas validados empírica y metaéticamente? ¿Es posible identificar un discurso empírico, lógico, ético y moral unificado sobre lo que es el mundo, sobre lo que este debería ser, sobre cuál es el valor que este tiene, o qué es lo que en él tiene valor, junto con identificar también, y por deducción de lo demás, cuál es la forma, el camino o el medio más adecuado para resguardar esos valores y alcanzar esos fines, o realizar esas normas?



Este Trabajo de Investigación e Integración Final está orientado hacia la comprensión y búsqueda de posibles respuestas plausibles, ante los conflictos teóricos presentes entre la teoría comunitaria y la teoría cosmopolita. Conflictos persistentes identificados como conflicto de soberanía y conflicto de identidad, constitutivos de la noción de justicia y de sociedad/comunidad política. La comprensión y la búsqueda de posibles soluciones a estos conflictos se harán utilizando a la metaética como instrumento principal de análisis, además claro del clásico instrumento empírico.



Los objetivos del trabajo determinan a la metodología del mismo, de este modo la identificación de los argumentos empíricos y metaéticos, en ambas teorías, será seguida de un análisis de la coherencia interna, en cada teoría. La idea es comparar los resultados obtenidos, en ambos casos, para interpretar el resultado obtenido tras el análisis comparativo, esto para finalmente concluir comprensivamente.



Se Parte del supuesto de que los conflictos teóricos que se presentan como irreconciliables, están justificados en concepciones ontológicas y metaéticas contrarias, al mismo tiempo se cree que es posible una síntesis entre ambos paradigmas, debido a una complementación entre ellos y a la superación de una contradicción de tipo empírico/metaética presente en el comunitarismo y en el cosmopolitismo respectivamente, la misma que justifica la contradicción entre estos paradigmas, llegando así a una teoría comprensiva final, acerca del deber político universal.



La metodología a utilizar será lo más integradora posible, la descripción de las teorías, de sus partes conflictivas particularmente, será seguida de un análisis para identificar los fundamentos metaéticos de las posturas frente al conflicto, análisis que no puede estar exento de una dimensión empírica, basada en la observación de los hechos y las normas reales, que son a los que se quiere llegar con la persecución y aplicación de ambas teorías.



Téngase en cuanta que los fundamentos teóricos tradicionales de argumentación han consistido en la evidencia empírica, siendo esta la que capacita a la primacía de una teoría sobre la otra, relegando al racionalismo como modelo de observación objetiva. Estos enfoques normativos, comunitarismo y cosmopolitismo, son totalmente distintos, parten de una descripción empírica para justificar discursos éticos, para esto utilizan la contrastación fáctica y la lógica, la filosófica y la intersubjetiva.



La intensión metodológica en este trabajo es establecer un discurso normativo, al tiempo y como causa del análisis y comparación metaética y empírica de ambas teorías, la comunitaria y la cosmopolita.



Es la descripción de los argumentos metaéticos, que tiene cada teoría, frente a los conflictos que mantienen entre sí, el interés fundamental del trabajo, seguido por el análisis de la lógica interna que cada teoría debe tener en conjunto para ser empíricamente y normativamente válidas. Termina el análisis con la comparación de los resultados obtenidos tras el análisis de ambas teorías, esto último con la intención de intentar construir una conclusión teórica comprensiva.



Por el contenido de los objetivos en este trabajo el método no podrá estar prescripto, es necesario abordar las metodologías que sean necesarias frente a las observaciones y a los análisis que se desarrollen a lo largo de la investigación. La idea epistemológica que guiará al trabajo será el constante intento por establecer un método analítico, comprensivo, crítico y constructivo de los fenómenos observados, tanto reales como teóricos.



Debido al objeto de estudio, el cual es netamente teórico, el material probatorio versará fundamentalmente sobre instrumentos cualitativos, lo que no significa que no tendrá elementos empíricos del tipo cuantitativo, esto por la naturaleza misma del enfoque teórico al cual se analizará, esto es así ya que los juicios planteados en la teoría se sustentan, como se dijo, en observaciones de los hechos. La idea es establecer un método que responda a las exigencias de cada análisis argumentativo, esta idea es propia del constructivismo metodológico en las ciencias sociales, el cual se caracteriza por ser integrador de las esferas que otros enfoques separan . La moral, la economía, la política, el derecho, la cultura y la sociedad. Por ser el constructivismo un método holista y sin una disciplina metodológica definida, se le ha tildado de ser más una forma de hacer filosofía que de constituir una teoría formal de las relaciones internacionales.



La estructura del trabajo responde a la metodología, la que a su vez responde a los objetivos del trabajo, de esta forma en la Primera Parte se definen los principales conceptos de la teoría comunitaria, definición que se hará explicitando las posiciones metaéticas y empíricas que fundamentan dichos conceptos, luego se analiza la coherencia interna que debería tener para considerarse una teoría normativa y científica válida. En la Segunda Parte se definen los mismos conceptos definidos por los comunitarios, pero ahora por los cosmopolitas, haciendo explícito también los fundamentos metaéticos y empíricos que sostienen a dichos conceptos, luego, y al igual que con los comunitarios, se analiza la coherencia interna que debe tener la teoría cosmopolita para ser válida empírica y normativamente. En la Tercera Parte se comparan las definiciones que dan ambas corrientes de los mismos conceptos, teniendo en cuenta sus posiciones metaéticas y empíricas, se comparan también los resultados obtenidos tras los análisis de coherencia interna, hechos a ambas teorías, para ser consideradas válidas empírica y normativamente. En la Cuarta Parte se interpretan los resultados obtenidos tras los análisis comparativos, así luego de interpretar los resultados de la comparación entre las definiciones de conceptos, teniendo en cuenta sus fundamentos empíricos y metaéticos, se interpretan también los resultados obtenidos tras la comparación de los análisis de coherencia interna, hechos a ambas teorías. Finalmente se intenta construir una síntesis sobre las distintas interpretaciones, cuya naturaleza se presupone empírica, teórica, metodológica y metateórica. Se propone una forma lógica y sistemática de interpretar y hacer teorías normativas, en base a la utilización de la metaética, además del clásico enfoque empirista/positivista.



El logro en la construcción de la síntesis, y la aceptación de la lógica metaética, además del consenso empírico, permitiría concluir satisfactoriamente sobre cuáles son las normativas válidas que deberían estar presentes en la Teoría Normativa de las Relaciones Internacionales, constituyendo una teoría comprensiva final, acerca del deber universal, sustentada sobra la base de criterios empíricos, lógicos y éticos justificados.

sábado, 10 de abril de 2010

Y ahora, ¿qué hacemos con el Estado? Lo conservamos, lo cambiamos o lo eliminamos


Finalmente la pregunta es si el Estado moderno debe seguir existiendo. Si decimos que si nos encontramos con la pregunta de si debe seguir existiendo tal y cual es o si debe sufrir modificaciones. El punto crítico de la controversia es admitiendo la necesidad de modificación preguntarse por cuáles deben ser específicamente estas modificaciones. Mi teoría es que el poder legislativo (el cual debe ser también ejecutivo) debe estar en la libre voluntad de todos y no más en las interesadas y presionadas manos de unos pocos (representantes). Esta autolegislación universal debe estar garantizada por una institución universal e imparcial de la justicia (también ejecutiva), la cual además de garantizar una paz positiva (seguridad humana), debe velar por que la igual libertad de todos en la creación de las leyes sea el criterio de validación de las mismas, además de servir a la resolución, siempre pacífica, de controversias.
Se aclara que la justicia imparcial e universal debe tener poder ejecutivo y coactivo indirecto, nunca directo. Además debe estar constituida por dos principios, el del mérito y el democrático. Los jueces solo pueden actuar al pedido de cualquiera de las partes y las sentencias son siempre apelables cuando existen buenas razones para ello. El criterio es la coerción exclusiva de los mejores argumentos.
El poder legislativo, ahora totalmente descentrado pero integrado al mismo tiempo en su justicia, esto es en su proceso, el cual es el método democrático directo, el cual como ya se ha dicho debe estar garantizado por una justicia que actúa en los ámbitos más concretos y locales de legislación hasta en las asambleas universales. El criterio de resolución legislativa debe ser otra vez la justicia, esto es el respeto a la igual libertad de todos, por ello la regla de la mayoría debe ser reemplazada por el consenso o por la unanimidad o en su defecto la coerción no de quienes son más, ni de quien/es pueden vetar, sino de quien/es tienen los mejores argumentos.
No hay legislación efectiva sin una administración que ejecute los programas, del mismo modo no hay una justicia que no cuente con los medios necesarios a su disposición para hacer efectivas sus sentencias, es por esto que ambos poderes, el legislativo y el judicial deben tener sus propios poderes ejecutivos, integrados a cada uno (diferenciados solo discursivamente, esto es fundamentación de normas y aplicación de las mismas), estos poderes del nuevo Estado Universal deben estar divididos en dos, uno descentrado y puesto a disposición de las personas mismas, independientemente donde se encuentren, las edades que tengan o las apariencias que sostengan y otro poder independiente que asegure la justicia del proceso legislativo, que los diálogos sean sostenidos entre iguales, ya que de lo contrario carecerían de justicia. Este nuevo estado tiene la doble tarea de descentrar el poder legislativo y el poder judicial al mismo tiempo que debe universalizar tanto a la autolegislación como a la justicia. En un sentido es hacer a todos personas políticamente autónomas, o si se quiere, creo que representaría el logro del proyecto moderno.

viernes, 2 de octubre de 2009

Por la unión coherente entre los discursos empíricos, éticos y morales


La ontología, todo lo relacionado con la comprensión del ser. El paradigma realista, susceptible a ser clasificado de ciencia normal, la que nos habla de los hechos, nos describe la existencia de una sociedad global construida desde las comunidades locales, desde las relaciones concretas. Nos habla de un pluralismo social, en el cual los Estados participan, pero de ningún modo son actores exclusivos. El realismo también nos dice que en dicha sociedad opera más el principio de anarquía que el del respeto a una autoridad central, esto ya que la realidad o el todo está fundamentado por la moderna teoría de sistemas.

Si integramos a la axiología con la deontología como partes imprescindibles de un mismo proceso, donde los valores nos hablan de fines, de metas y objetivos, siendo las normas no más que medios adecuados y coherentes para la persecución de esos axiomas, donde la moral, la deontología, las normativas no son otra cosa que los medios correctos para alcanzar con mayor efectividad los fines perseguidos. Podemos crear una analogía entre ética y teleología, entre deontología y moral, dualidad ordenada racionalmente como instancias de un proceso que podemos llamar como reflexión y práctica del deber ser, nunca como descripción del ser. Una parte del proceso corresponde a la gnoseología del fin, la otra a la gnoseología del medio, éste último impregnado de consideraciones prácticas, ya que busca concretar un fin, mientras que el primero es una consideración utópica, ya que se circunscribe al juicio de fines, esto es de significantes que no existen, ya que de lo contrario no se plantearían como fines. Entonces la comprensión del medio se diferencia por no ser utópica sino mediadora o conciliadora, ya que tiene por objetivo integrar la comprensión de la realidad, el ser este del realismo, con las demandas del deber ser, demandas del idealismo, es por esto que los fines son ideales y los medios son las mejores formas para concretar el ideal sobre la base de una realidad identificada. El neopositivismo yerra al prescindir de la deontología, uno de los pasos fundamentales del proceso cultural, al violar la dignidad de la expresión humana y el verdadero procedimiento científico, porque el error está en confundir los discursos éticos, con los morales, y estos con el discurso realista, donde la descripción de los hechos, el discurso neopositivista, es la base sobra la cual se consideran fines o metas para alcanzar, es la comprensión de la realidad que cuando se identifica esta se vuelve a considerar, a reflexionar, sobre, no la realidad otra vez, sino los fines, para cuando estos ya están identificados se vuelve a reflexionar, y debatir otra vez, pero ahora sobre los medios para alcanzarlos, medios justificados como los más aptos desde el punto de vista – racional –, como los validados más eficientes en los resultados de la aplicación, de estrategia o instituciones sobre la sociedad global, buscan los medios la mayor concreción del fin.

Si el método para conocer, no solo lo que existe, sino también lo que debe existir, fuera eficiente, nos informaría en su análisis acerca de los medios más adecuados para lograr nuestros objetivos, nuestro desarrollo, el que claramente depende de una especulación sobre lo que es la realidad, de un discurso empírico, si fuese así sería más completo y coherente, en vez de presentar a las partes del proceso como contrarias, competitivas e inconmensurables, confundiendo los análisis y creando contradicciones injustificadas desde el punto de vista lógico y racional. Esto vale decir que si todos los humanos persiguieran sus propios fines tendrían que tener las normas que lo permitieran, las instituciones. De lo contrario surgen contradicciones conflictivas entre los fines particulares, entre las normas para que incluso cada uno se autodesarrolle, esto al haber más choque que complemento pierde fuerza la probabilidad del mayor beneficio, son más fructíferas las relaciones que en sus mutuos objetivos logran el máximo de ambos, es ser primero consiente y luego inteligente. Si entendemos al deber ser como a la alianza entre la ética y la moral, como pasos lógicamente ordenados, imprescindibles ambos, y si entendemos al ser como la identificación gnoseológica de lo que hay, de lo que existe, tendríamos entonces tres distintos pero necesarios, ordenados e imprescindibles análisis. Primero el empírico, segundo el ético y tercero el moral, donde el moral concilia e integra a los dos anteriores, los que se presentan como superficialmente opuestos, ya que opuestos en su totalidad no podrían ser, ya que uno es hijo del otro. Sin una consideración de lo que es, no podríamos imaginar un deber ser, deber ser que lo entendemos dual, esto es primero un discurso ético, es decir de valores, y finalmente un discurso moral, es decir de normas.

La epistemología como estudio del método no tendrá más que concebirse de manera análoga a la deontología, ya que ambas juntas nos dan un método, o una norma, más efectiva para la persecución de fines, es decir conciliadora. No olvidemos que la ciencia, es decir el método científico, no se propone otra cosa que conocimiento, entonces si el conocimiento es un fin, el método por el cual accedemos a él, es también una norma, es decir un medio. Si el método científico es análogo a la moral, esto desde su constitución lógica, ¿no debería tener acaso también el mismo contenido? Si el fin es el conocimiento, el medio es el método científico, y la realidad es la base que se tiene por cierta y sobre la cual se especula, se investiga. Entonces la realidad, lo que tenemos por cierto, las hipótesis que se critican, que se refutan y las conexas a toda tesis, son de carácter prescriptivo al ser la base sobra la cual se especula, o de lo que se va a especular. La construcción del conocimiento es intersubjetiva y se logra por medio de observaciones, experimentaciones, contrastaciones, y por sobre todo, comunicación enderezada al entendimiento.

Una cosa que si hay que dejar clara es que el proceso por el cual conocemos el deber ser no hay que confundirlo con el proceso mediante el cual conocemos, o intentamos de conocer, el ser. El análisis descriptivo nos habla de cómo, está constituida y se constituye la realidad, la existencia, como es el presente y como ha sido el pasado, se puede pronunciar acerca de las probabilidades del futuro, pero no puede explicarnos cómo deberían estas las cosas, el cómo debería ser la realidad. Esto es así ya que en el análisis sobre el deber ser intervienen deseos, es más, es la descripción de esos deseos y de los medios adecuados para alcanzarlos, el discurso sobre el que se pronuncia el deber ser, es la idealización de la realidad. La cual claramente se hace luego de una descripción de lo real, operación esta última que estando teñida de valoraciones y determinismos históricos y espacio-temporales, no se propone objetivos de práctica, de intervención social, y por tanto nunca debe ser tenida como única parte del método científico, ya que de lo contrario el método sería reducible a lo abstracto, a lo puramente declarativo, es decir que no crea práctica, constituida esta última por la consideración de objetivos y por la implementación de medios para ellos, es decir del análisis ético y moral.

Entonces el paso inteligente no es más que primero observar (ser) para luego actuar (deber ser), donde el deber ser es la consideración primero de los fines, para luego mediar eficientemente entre la realidad y el fin buscado, es decir la puesta en práctica requiere de mecanismos lógicos y herramientas necesarias para que la realidad que viene en el futuro sea construida por el logro de nuestras metas, cumplidas estas en una sociedad que es también interpretada. Una cosa es la observación del entorno, la otra es la pura reflexión acerca de fines y otra, también distintas a las anteriores, es el mejor medio para hacer del entorno los fines, mejor medio considerado sobre un discurso racional, prescrito este en sus fundamentos pragmáticos, éticos y morales, prescripción producto del orden de análisis, en donde el discurso moral es el último tras haber tenido identificado al discurso de valor y al discurso empírico-pragmático. Una confusión de estos pasos, ya sea de su precedencia como de sus contenidos, es una triste ligereza intelectual, totalmente contraproducente y falaz para la producción de cultura, no debemos confundir a la realidad con el ideal, ni al medio para hacer de lo primero lo segundo con, o puramente el ideal, o puramente lo real, ya que al ser medio, integra tanto al ser como al deber ser de la manera en que ambos se satisfacen, el medio es el procedimiento lógico mediante el cual proyectamos fines sobre objetos, sobre identidades empíricas. Esto significa que el paradigma realista no es inconmensurable con el idealista, ambos se suponen, ambos corresponden a distintos análisis, pero que se INTEGRAN en un análisis más eficiente, más práctico, fusión creada gracias al medio. Cuando los medios son los más indicados para los fines buscados en una comunidad interpretada con anterioridad, prescrita por el discurso preeminentemente válido dentro de ella, nos lleva a la mayor construcción de cultura. Significa también que ambos son imprescindibles e interdependientes, y que se repiten consecutivamente, respetando su intercalado, esto es un medio para un fin, un fin para una realidad, la cual es también producto del mismo mecanismo, el que tal vez o no alguna vez empezó y que alguna vez o no terminará. Una norma para un fin, cuando el fin se hace realidad o se obtiene un resultado de la intervención, es este resultado una base sobre la cual se plantea otro, o el mismo fin. Si es otro se plantean los medios, si es el mismo, no se yerra usando los mismos medios que no nos llevaron al fin buscado.

La prueba es un acuerdo racionalmente motivado hacia la demostración de argumentos integrados con la percepción conjunta de una realidad, donde el lenguaje es el medio con el cual se comunican los actores que participan del discurso enderezado al entendimiento. Para hacer de lo que entendemos por real algo justo es fundamental que el medio por el cual conocimos haya sido moral. Para hacer justos nuestros valores es fundamental, además de que la realidad de la que se parta sea justa primero, que la persecución de valores sea eficiente, es decir que se busque con el mejor medio, el cual es otra vez análogo a la moral, a la justicia. A la moral la entendemos como al conjunto de normativas, de principios, que posibilitan la más eficiente persecución de fines, es una consideración particular, contextualizada a cada realidad interpretada y al valor buscado en cada caso, pero implica la universalización de la vida, la que es derecho de todos y del todo. Exige que nos pongamos en el lugar de todos como partes del todo y de que seamos igualitarios y equitativos. Es valorar en igualdad la imprescindibilidad de la voluntad, el conocimiento y el consentimiento de cada uno de los integrantes del mundo, incluso aquellos no humanos, los cuales merecen igualdad de consideración. La moral son los Derechos Humanos, son los medios para la constitución de una república democrática global para una sociedad mundial que la demanda.

Entonces toda clarificación de seres y deberes seres tiene que surgir de medios racionalmente morales, es decir donde todos informados participen y acuerden sobre la base de las pruebas y la coerción de los mejores argumentos. Lo prescriptivo es la base de la cual siempre se parte, los principios básicos de la moral racional universal, los cuales capacitan la obtención del justo conocimiento, es decir, del más verdadero.

La conclusión es la democratización de todas las esferas de la acción y decisión humanas, de la economía globalizada, de las culturas, de los sistemas políticos y jurídicos, de las ciencias y las filosofías, y por qué no, de las religiones y sectas. ¿Cómo institucionalizamos este fin, el de una sociedad global universalmente democrática? Esta pregunta se responde, como ya hemos dicho, teniendo en cuanta la realidad en la que estamos por un lado y las herramientas que tenemos y podemos tener para lograrlo. Estas pueden ir desde las reformas políticas hasta una verdadera revolución pacífica, una educación universal, entre otras.

El paradigma idealista moderno nos habla de un ethos global constituido por el logro de la emancipación humana, fundamentada esta en un intersubjetivismo ético, lograda gracias a un medio moral universal, constituido por derechos y garantías, fundamentados en un intersubjetivismo ético por un lado y en un prescriptivismo ético universal, basado en la realidad que juntos y todos interpretamos, en nuestras necesidades, nuestra naturaleza compartida, nuestro único mundo. La emancipación humana tiene por objeto la autolegislación política, la moral universal tiene por objeto una justicia global en todos sus sentidos. Este ethos alude a una sociedad sin estado positivo, sin un monopolio legítimo del uso de las fuerzas, pero si alude a un estado moral, a una sintonía de conciencia de la cual todos somos partes y gracias a la cual todos nos sentimos parte del cosmos. Es gracias a la razón reflexiva y comunicativa, como prueba y como constructora de acuerdos falibles, que es posible imaginar un mundo de personas que actúan como lo que son, como seres humanos. Lástima que no todos saben que es ser humano…

Comprensión de la Filosofía de Jürgen Habermas

Diálogo sobre el Ser. ¿Es individual o universal?



La espiritualidad de lo que trata es sobre la verdad de lo que somos.., de la divinidad, que es nuestra naturaleza esencial.

Para poder percatarnos y así disfrutar de nuestro potencial divino y de lo que somos real y profundamente, requerimos entrar en un proceso de desarrollo de consciencia.., en un proceso que desarrolle efectivamente la capacidad de 'ver' dentro de nosotros mismos nuestra realidad interior, que ciertamente es hermosa, valiosa, poderosa.., y que es algo que consciente o inconscientemente todo ser humano anhela conocer y celebrar.

Este proceso de desarrollo de consciencia nos hace 'individuos', pues con él aprendemos a reconocer nuestra propia voz interior y a guiarnos por ella.. Así dejamos de ser gregarios, alienados, y a funcionar inconscientemente de acuerdo con los parámetros y agendas socioculturales que predominan en el ambiente que nos rodea.., parámetros y agendas que no necesariamente están alineados con lo que realmente queremos, con lo que realmente es nuestro anhelo en la vida, con lo que en verdad amamos ser y hacer.., con nuestro propósito como individuos.

Este movimiento secuencial de espiritualidad, desarrollo de consciencia e individuación se repite una y otra vez indefinidamente, llevándonos con ello en un viaje sin fin hacia adentro y sobre nosotros mismos..

Rafael F.


Hola Rafael

Soy nuevo acá y estoy en el proceso de comprensión de tu propuesta espiritual, la cual me parece tiene intenciones liberadoras a las que adhiero.

Mi pregunta ahora es cómo conciliar la individuación con la integración cósmica. No estoy tan seguro que el encuentro con la divinidad sea mediante la individuación, creo que es más bien mediante la socialización, la comunicación y la integración del todo como parte de uno mismo. Mediante el uso de una conciencia colectiva en términos universales.

Saludo y gracias.

Renato hola, como he podido experimentarlo, al universo lo puedo contactar y unirme a él sólo si abro mi corazón y miro dentro de mi.., no fuera.

Ese mirar adentro y abrir el corazón implica un proceso individual (a eso me refiero por individuación), no social, en el que profundizas en ti mismo, para contactar y reintegrarte a la esencia que crea, opera y transforma todo, al universo, a todos, a ti y a mí.., puesto que esa esencia universal sólo la puedes contactar es dentro de ti..

Aunque quisieras y te esfuerces, si no la contactas y la vives dentro de ti mismo, no tendrías manera de reconocerla y menos aún de unirte a ella en el afuera.. Además, el 'afuera' es una cocreación de cada uno de nosotros.. Todo está en nuestras mentes..!

La divinidad es nuestra esencia! Hay que asegurarnos de que sentimos y conocemos nuestra esencia, no te parece..? Si no nos conocemos a nosotros mismos.., de que sirve conocer todo lo demás..

En cuanto a la socialización.. Si somos verdaderamente amables y serviciales con todos, estaríamos manifestando, expresando, ese amor y esa divinidad internos, y es cuando compartimos estos valores vivos que los podemos ver.. Si no compartimos el amor y la sabiduría, ciertamente ni nos percataríamos de que los tenemos.. Solo dándolos es que los experimentamos..

Pero entonces, la 'socialización' no se experimenta como algo fuera de nosotros.., sino como una experiencia sentida e intima desde el fondo de nuestro ser - si es que lo que estamos es compartiendo amor y sabiduría -, de modo que esta 'socialización' también sería una experiencia profunda interna, individual..

Saludos, Rafael F.



Hola Rafael

Antes que nada te quiero agradecer enormemente el que hayas respondido mi pregunta.

El que me des un poco de tu tiempo. Muchas gracias.

Coincido contigo en que solo podemos integrarnos al universo si abrimos nuestro corazón, también coincido en que todo está en nuestras mentes, incluso la socialización misma, coincido en la importancia de entendernos e identificar nuestra esencia divina y que todo lo que está afuera es una cocreación, pero me surgen interrogantes:

¿Podemos estar tan seguros de que existe un límite tan definido entre lo interno y lo externo, entre lo creado y lo cocreado? ¿No es acaso ese interior un concepto también construido intersubjetivamente?

Nuestras mentes no operan aisladas como átomos descontextualizados, todo lo contrario, se construyen mutuamente. Ese interior y ese exterior se modifican constantemente como consecuencia del debate colectivo. Al interior lo entiendo como mi juicio interno y al exterior como el juicio intersubjetivo, pero solo puedo tener juicio interior si antes tuve juicios colectivos, de hecho mi juicio interno es sobre conceptos y argumentos construidos colectivamente.

Me parece que entre más colectivizamos nuestro juicio interno más nos integramos al universo, más abrimos nuestro corazón. Tengo la intuición de que es solo abriendo ese interior, ese corazón, esa mente individual e integrándolos a un cosmos falible, y en constante construcción por nosotros mismos, la forma de ser en esencia y la manera de identificar lo que de verdad somos, un macro cuerpo indivisible, una macro mente, cuyo ejercicio creo que es la divinidad en sí misma, y a Dios lo veo como al Ser del cual nada sale, al todo en su conjunto, quien solo puede vivir en paz si sus partes se reconocen como partes de él y conviven en armonía.

Saludos.

Ajá.. Todo está no sólo interconectado.., sino que el todo es nuestra propia cocreación, que hacemos juntos con otros.., e incluso, esos 'otros' son cocreación nuestra también.. Ja Ja.. Podríamos desmenuzar todo esto eternamente - que es lo que han hecho los de la física cuántica -.., solo para llegar a la conclusión de que una vez entendido todo esto, una vez entendido que es lo absoluto y que lo relativo (para no hacer larga esta descripción), la mejor opción es disfrutar y hacer lo que nos corresponde en este gran juego que llamamos 'el universo'..

Saludos Renato..


Hola Renato, te envío esta Nota que escribí hace unos meses, que se parece un poco a lo que estábamos compartiendo..

Saludos, Rafael F.

“Dios absoluto no es perfectible.., pero Dios manifestado, su creación, si lo es.

La creación o el universo fue hecho y es constantemente re-creado por Dios a partir de si mismo como materia prima, pues no existe tal cosa como una gran tienda o depósito de materiales de construcción de universos flotando en el éter infinito que le suministre a Dios o al Creador, los insumos para construirlo y re-crearlo continuamente. De modo que el universo es Dios mismo convertido en las múltiples formas que lo constituyen, no es verdad?

Pero en verdad no hay tal cosa como 'la construcción del universo', pues siendo que la palabra creación viene de crear; y crear de creer (crear y creer es un mismo movimiento); y creer de creencia, el universo - toda la creación pues - no es más que una 'gran creencia'. Y esta para que pueda ser lo que cree que es, para poder existir siendo tal como es, requiere olvidar lo que real y originalmente es: Dios mismo absoluto sin formas ni multiplicidad..

Pero Dios manifestado, nosotros, la creación, las galaxias, etc.., urgimos regresar a la verdad de quién somos pues Dios manifestado, nosotros o 'el todo', no soportamos por mucho tiempo una aberración como es la de creernos algo que no es más que una idea o ilusión limitada e imperfecta sobre nosotros mismos (el universo, aunque inmenso y maravilloso, todavía es limitado e imperfecto), y esta urgencia profundamente sentida por recuperar la claridad sobre la verdad de lo que somos, finalmente nos hace recordar que no hay dos o múltiples cosas en la existencia sino sólo una: Dios. Que Dios es lo único que es y lo único que hay. Por cierto, en eso es que consiste la famosa 'consciencia de la unidad' de la existencia.

Entonces con el recuerdo de que Dios es nuestra verdadera esencia y naturaleza, es que evoluciona, se corrige y se redefine la idea, la creencia o el convencimiento que tenemos sobre nosotros mismos y del universo. Así nos perfeccionamos. Esto explica que Dios manifestado, es decir nosotros y el universo entero, si es perfectible.

Pero aún siendo esto así, la creación o el universo en verdad tampoco es perfectible..!, pues si la creación es solo una 'gran creencia', y nuestra percepción de este universo como tal depende de seguir convencidos de esta gran creencia que no es más que una idea, algo virtual y ilusorio.., y siendo que lo virtual o ilusorio no existe.., como puede algo que no existe ser perfectible..?!

Pero la idea si es perfectible.. Ups! Bueno, Ja Ja, ustedes entienden!

Rafael F.

Hola Rafael,

Leí tu nota y me doy cuenta que acordamos más de lo que diferimos.

Es justamente Dios absoluto el todo en su conjunto y como todo es una idea, esta idea de lo divino debe unirnos y no separarnos, ¿no es así?

Me parece que ambos experimentamos lo mismo y deseamos el mismo fin, solo diferimos en los medios. Para ti es la individuación y para mi es la socialización, para ti la socialización no es más que operación de la individuación y para mí la individuación no es más que operación de la socialización, jaja que trabalenguas no...

Creo que esta diferencia también se traduce a la siguiente dicotomía: "El humano hace el bien si primero se siente bien" o "El humano se siente bien si primero hace el bien". Más allá de la experiencia de cada uno, la cual puede estar guiada por una u otra de las premisas recién aludidas, me pregunto por cuál de ambas es la más indicada para nuestros fines, cuál es la mejor candidata a convertirse en esa idea de lo que somos.

Para mí la individuación no es más que un artificio del judaísmo-cristiano, creo que el egoísmo es el valor que más daño nos ha causado, creo que el lamentar la muerte se justifica en ese egoísmo ético y ese egoísmo está justificado por esa individuación que nos hace creer seres finitos y aislados, seres mortales...

Intuyo que el ser es trascendental, eterno y único, y que admitiendo todos esta ontología resolveremos profundos problemas que nos acaecen hace ya bastante tiempo, reemplazaríamos a la cultura de la dualidad cuerpo-alma/materia-energía, teoría/praxis, por la cultura de la contemplación del cosmos como algo indivisible... El humano debe contemplar la armonía del cosmos para reflejarla en su vida...

Saludos y es un placer poder dialogar con usted, muchas gracias por permitirlo.

viernes, 20 de febrero de 2009

¿Estamos presenciando el fin del estado soberano, nacional y moderno?



Pensar en el fin del estado es algo posible pero muy improbable que ocurra en la realidad contemporánea, esto es así ya que estado hemos tenido desde hace mucho, tal vez desde los orígenes del mismo hombre. Las antiguas civilizaciones ya tenían estados, así en el antiguo Egipto, en Mesopotamia y en el Lejano Oriente existieron sociedades organizadas políticamente en territorios delimitados, es por esto que podríamos decir que mientras nos organicemos políticamente en la utilización de los recursos terrestres estaremos frente a algún tipo estado.

La cuestión que si es pensable como un hecho real contemporáneo es que estemos vivenciando el fin NO DEL ESTADO, SINO DE SU FORMA MODERNA, NACIONALISTA Y SOBERANA; cosa muy tangible ya que estas formas no han tenido la durabilidad y permanencia que a tenido el estado en cuanto tal, todo lo contrario. El estado ha manifestado profundas transformaciones en sus formas desde sus mismos orígenes, formas que en ninguna medida han sido permanentes en el tiempo. Esto es que no tendrían por qué ser eternas formas de estado que conocieron un inicio histórico relativamente presente y que responden a procesos constantes de transformación.

El estado en su forma nacional nace como estrategia ante la necesidad de auto organizarce como comunidad política, como una forma de emanciparse del Imperio, de la dominación del absolutismo monárquico. La idea era que el pueblo se autogobierne de acuerdo a sus intereses, costumbres y en el espacio que reconocían como propio. Los imperios aglomeraban a distintas comunidades culturales bajo sus dominios que abarcaban amplias latitudes territoriales. Los primeros nacionalismos populares, algunos desde el siglo XVIII, buscaron desprenderse del mandato monárquico para establecer gobiernos propios basados en una cultura común, la que se extendía en el marco de territorios más pequeños que la de los grandes imperios, pues la nación era el grupo de personas que compartían estrechos lazos familiares y culturales, un pasado y una historia común, una lengua y una conciencia compartida, cosa que naturalmente era solo concebible en territorios en los cuales la gente tenía cierta proximidad como para poder compartir dichos vínculos. Los movimientos nacionales fueron en la mayoría de los casos revolucionarios, atentaban contra el antiguo régimen. De esa forma se integró Italia y Alemania, La India y los estados latinoamericanos.

El estado soberano nace hacia el Tratado de Westfalia en 1648, momento en el que los reinos romanos germanos se reconocen mutuamente sus independencias, incluso del Emperador y del Papa, momento en el que los reyes de Europa concentran todo el poder político y espiritual, el que conocía límites territoriales constantemente puestos en disputa. Estado soberano es un tipo de estado, el estado en donde existió una figura que concentró todos los poderes políticos, es decir una figura soberana.

El estado moderno es mas difícil de precisar, ya que para clasificarlo en la historia hay que primero clasificar al periodo en el cual se extiende la llamada modernidad, cosa de la cual y contrariamente con las clasificaciones anteriores, no existe consenso sobre cuando nace, que es o que significa. Algunos dicen que la modernidad está relacionada con el advenimiento de la burguesía al poder político, con la revolución francesa, el capitalismo y la revolución industrial. Otros la relacionan con la revolución científica copérnico-galileana, con el advenimiento de la cultura antropocéntrica, el renacimiento y la primacía de los ideales emancipatorios. Esto es la modernidad como estructura económica y social y la modernidad como estructura tecnológica y filosófica.

Si queremos advertir acerca del fin de la modernidad y su estado primero debemos aclarar el significado que tenemos de la modernidad, si la entendemos como estructura económica y social esta ha existido y dejado de existir y existe y no existe al mismo tiempo, esto dependiendo del lugar y del tiempo en la que se determine. La dinámica de la vida rural se aleja de la dinámica capitalista, al igual que la dinámica de los regímenes socialistas se alejan también de la dinámica capitalista. Si entendemos a la modernidad como estructura tecnológica y filosófica esta ha conocido precedentes históricos inmemorables y no sería apropiado limitarla a un periodo de tiempo, de hecho al renacimiento se lo llama como tal debido a que es el nacer de un pensar que ya había nacido antes. Tal vez con el capitalismo podría ocurrir lo mismo.

Ya dijimos que el estado soberano nace en 1648 y que el estado nacional nace desde los siglos XVIII y XIX, esto significó que el estado soberano preexistió al estado nacional, de hecho el estado nacional y el estado soberano se integran comprensivamente hacia la revolución francesa. Con la llegada del nacionalismo la figura del soberano ya no era pues el rey, fue entonces el pueblo, era la nación la que reivindicaba para si la soberanía del poder político. De esta forma se consolida la forma del estado como estado nacional y soberano, y para muchos moderno.

Si observamos la actualidad en la que vivimos y la comparamos con los conceptos anteriormente expuestos, podremos percibir una profunda y vertiginosa diferencia. A decir verdad, la soberanía si bien permanece depositada en la nación, la misma se encuentra en una transición hacia su mutación, proceso en donde parte de ella se deposita en el individuo, esto reflejado en el progreso hacia el respeto de la autonomía personal, encarnada esta con mayor claridad tras la Segunda Guerra Mundial y la constitución de las Naciones Unidas, las que han procurado unir a las naciones en pro de la paz y el respeto por los derechos humanos universales.

La otra parte de la soberanía comienza a ser depositada en otro concepto de comunidad, el que no responde ya al concepto de nación, si a los profundos fundamentos que forjaron su creación, estos son básicamente la búsqueda de autogobierno. Este nuevo concepto de comunidad es totalmente versátil y heterogéneo, representa el reconocimiento por la pluralidad y la multiculturalidad, incluso dentro de los estados nacionales, en los cuales se reconocen distintas culturas, distintos modos de pensar. Esta nueva comunidad representa la identidad y la homogeneidad de un patrimonio común, el planeta Tierra y su ecosistema, el hombre en cuanto ser físico e insertado en el mundo; esta comunidad representa, al mismo tiempo, el reconocimiento de la interdependencia entre todos los seres y el anhelo compartido por fortalecer la libertad de cada ser humano, por fortalecer el valor de la voluntad como creadora de las instituciones, basada en la libre elección sustentada en un conocimiento cierto. Es el resultado de la integración entre la modernidad y la postmodernidad, es el resultado de la globalización y sus consecuencias. Es el cambio de estrategia para lograr lo que el hombre a deseado desde siempre, su emancipación como ser.

Este nuevo concepto de comunidad es en un principio muy complejo, pero cuando se entiende resulta claro, simple, evidente, necesario y urgente. La nueva comunidad se construye en base a la elección de la gente, pues son las personas las que en búsqueda de sus intereses y preferencias crean comunidades, en las cuales participan activamente de su constitución y modificación, estas comunidades son familiares y/o vecinales y/o ciudadanas y/o provinciales y/o nacionales y/o transnacionales y/o internacionales y/o regionales y/o continentales y/o mundiales y/o cósmicas. En definitiva cada individuo sería parte de múltiples comunidades autogobernadas, comunidades partes de una gran comunidad cósmica o universal, aquella institución que permite la existencia pacífica de cada una de las comunidades particulares y que es producto de una realidad y una naturaleza compartida. La comunidad global será gobernada por la suma de todas las comunidades y por el reconocimiento de principios que se desprenden de lo humano.

Este nuevo estado que se levanta es ya no nacionalmente soberano, es pues humanamente soberano, es moderno en el fin que busca, la emancipación y el conocimiento, pero es postmoderno en los medios que utiliza para alcanzar esos fines, esto es por medio de la relatividad cultural y ética, por medio no solo de la razón, también por medio de los instintos, los sentimientos y las emociones, por medio de la espiritualidad y la metafísica. Es un medio que se modifica a medida que avanza, a medida que se enfrenta con nuevos desafíos y resuelve nuevos conocimientos y paradigmas.

martes, 29 de julio de 2008

Internacionalización, Justicia y Democracia



Por internacionalización podemos entender al proceso histórico mediante el cual las comunidades políticas soberanas y autónomas (especialmente los estados nacionales) delegan potestades y prerrogativas que eran de su propia competencia y facultad a instancias institucionales extranjeras o conformadas por miembros de distintas comunidades nacionales, con poder para participar y resolver, dependiendo del caso y de las cuestiones delegadas.

Son múltiples las formas y las instituciones de la internacionalización, sus grados y temáticas. Así se a diferenciado, de forma abstracta, a la internacionalización como mera globalización o mundialización (fenómeno económico con implicancias culturales), como interestatalismo o intergubernamentalismo (fenómeno donde sólo participan estados), transnacionalismo (fenómeno horizontal, participan públicos, no los poderes centrales del estado, y privados de todas las clases), supranacionalismo (instituciones políticas y jurídicas superiores jerárquicamente que las nacionales), integracionismo (fusión de estados y sociedades nacionales), comunitarismo o regionalismos (integración entre solo algunos) y universalismos (instituciones abiertas a todos). Las temáticas han sido desde lo económico hasta lo cultural y espiritual, y no han conocido fronteras de tiempo y lugar.

Por justicia entendemos al criterio humano de darle a cada quien lo que le corresponde, ya sea de acuerdo a valores, hechos o normas o a un mix de estas. La justicia a estado vinculada de manera inexorable con la imparcialidad y la institucionalidad, esto más allá de los criterios personales y los juicios individuales de toda persona (la justicia es una institución intersubjetiva. Si existe una justicia privada, es decir de uno consigo mismo, está debería ser independiente). Desde el punto de vista institucional, la imparcialidad es la virtud de la justicia ya que es obvio que no se puede dar a cada quien lo que le corresponde, es decir, ser equitativo e igualitario, en el trato hacia las partes en litigio, cuando se es una de las partes en cuestión o cuando existe la posibilidad de represarias a quienes enjuician. Este principio descanza en la idea de que no podemos ser juez y parte al mismo tiempo, ya que al ser parciales difícilmente se podrá respetar la igualdad ante la justicia y la sentencia dejaría de ser equitativa. Cuando el o los que deciden (juez/es) son la parte demandante o demandada (o influenciados por una de ellas), sus fallos estarán condicionados por sus propios intereses y emociones, lo normal de toda persona parte en un proceso judicial. La imparcialidad también se refiere a la autonomía que tienen las instituciones judiciales del resto de las instituciones, pues tienen que ser árbitros de estas también. La imparcialidad también se expresa incluso como seguridad hacia sus miembros, quienes no se pueden sentir presionados de ninguna forma. Esta autonomía debería ser también entre los mismos jueces dentro de las instituciones (independencia individual), los cuales hasta deberían despojarse de todos sus prejuicios y limitarse a aplicar la ley y los preceptos de justicia. Claro es que una imparcialidad absoluta sería imposible, a no ser que reemplazemos a los jueces por máquinas.

Por democracia entendemos a una de las formas de gobierno, específicamente es el gobierno formado por un pueblo, en el pueblo y para el pueblo; "demos" (pueblo) y "cracia" (gobierno). Se distinguen tipos de democracia, la directa, que es donde el pueblo gobierna sin intermediarios (representantes), como lo era en la Grecia clásica. La indirecta, que es donde el gobierno es representante del pueblo, el cual elige a sus representantes mediente el voto. La democracia semidirecta, que es una mezcla entre las anteriores; es decir una democracia indirecta o representativa, pero con elementos de una democracia directa, como es el caso de las iniciativas populares para proyectos de ley, los referendum, el plebicito, la distitución popular, entre otras.

También existen variantes de la democracia indirecta y semidirecta que van del hiperpresidencialismo hasta el puro parlamentarismo, según los distintos diseños institucionales. Entendiendo a la democracia como al gobierno del pueblo es importante entender que es el pueblo, la mayoría (tipos de mayorías: simple, absoluta o cualificada), toda una población deperminada (unanimidad, pero hay que identificar al criterio de determinación poblacional: territorial, nacional, etc), las corporaciones (formado por el poder y la influencia de los principales sectores sociales), una pluralidad heterogénea (formado por los sectores y grupos sociales y por los individuos en general). Podemos describir estos distintos tipos y justificar sus usos de acuerdo a criterios de eficacia, es decir de practicidad, o distintos criterios de justicia, los cuales tienden más hacia la concideración igualitaria entre los individuos partes de un pueblo. He aquí una importante elección, fundamentalmente ética, de que es lo que entendemos por pueblo, y por ende, de democracia, y como consecuencia, de justicia.

A mayor concideración por el valor del individuo tenderemos a valorar a la igualdad entre estos como el marco jurídico fundamental en el proceso de toma de desiciones, igualdad en la participación, votación, formulación, información, promoción. La independencia entre los individuos a la hora de prestar su libre consentimiento es otro criterio de esta posición ética, al igual que la valoración por su libertad en aceptar, transformar, rechazar y revocar. De esta ética se desprende la importancia fundamental, y a priori del proceso democratico, de derechos básicos capacitadores de los recursos de igualdad y libertad, necesarios ante el proceso democrático, los mismos son suceptibles de transformación solo por unanimidad de la comunidad implicada, ya que representan el consenso profundo o incluso la naturaleza de todos, por lo que se valora en primer lugar a la autonomía de la persona, a su capacidad soberana de dicidir para sí, ya sea aprobando o rechazando las iniciativas de toda la comunidad. Esta capacidad de rechazo no se asemeja al veto, ya que no porque unos no acepten significa que el resto no puede avanzar. El rechazo tampoco es válido como excusa frente al incumplimiento de lo acordado. Ha esta forma de entender la democracia la reconocemos como liberal, inspirada en las ideas de la ilustración y de la modernidad, en el valor por la igual libertad de voluntad entre todos los humanos, libertad que reconoce mínimos límites, los cuales a su vez son los que la protegen y le dan forma. Estos límites son la justicia, el derecho; el cual encapsula a la política. El resguardo de la autonomía personal, el resguardo del principio de daño y el resguardo al principio de responsabilidad son los únicos límites que el liberalismo permite a la voluntad de los individuos y los pueblos. Es así como una democracia más justa es una encaminada a reconocer al pueblo como a la totalidad de sus seres humanos, donde son todos igualmente soberanos. Esta idea de democracia la podemos llamar originalista, por ser la practicada en el nacimiento de la democracia, en la Gracia clásica, en cuanto a la participación directa sin representantes. Lo que introduce la idea liberal a la democracia directa clásica es la igualdad, ya que cada individuo debería ser igual jurídicamente que el estado, tener las mismas prerrogativas y facultades, cosa que en el mundo clásico eran impensables.

Distinta a la posición ética anteriormente descripta se encuentra el maximalismo, el que ve que dos son más que uno, siendo este uno obligado por el imperio de los dos, los cuales pueden decidir incluso por la vida de la disidencia. Esta visión ve al pueblo como un conjunto cuantitativo, siendo la institución con mayor ponderación numerica la que tiene imperio político, legal y moral sobre el resto. Si bien es cierto que se reconoce a cada persona igualdad ante otra, no contamos con bienes personales inviolables ni con autonomía frente a una mayoría, pues recordemos que dos son más que uno Esta concepción ve al pueblo claramente como a la mayoría, también se la ha llamado populismo.

Otra distinta concepción es la que ve al pueblo como la suma de sus corporaciones, es decir como la suma de grupos sociales separados por distintos intereses, capaces de representar al pueblo en su conjunto. La toma de desiciones democráticamente estaría dada por la justa participación de las corporaciones, para la cual se valora proporcionalmente a cada corporación, no en cuanto a la cantidad de personas que representa, sino a su capacidad de movilizar recursos, a su poder. Esta posición ética es más pragmática y eficaz, pero conserva el estatus quo y es contraria con las ideas del liberalismo moderno, con la emancipación del individuo.

Una visión pluralista de la democracia es el intento de unir a la eficacia de la democracia corporativa con la popularidad de la democracia mayoritaria o maximalista. Es la inclusión de criterios en un sistema que los valora por igual, por un lado la mayoría y por el otro las corporaciones. Una desición democrática es aquella producto del consenso entre estos sectores, valorados como representantes del pueblo. No confundamos al pluralismo con el liberalismo, ya que es distinto valorar por igual a una mayoría y a una corporación que hacerlo con dos personas que no son ni de la mayoría ni partes de una corporación y que para el liberalismo serían parte del pueblo y contarían con la misma dignidad que cualquier persona o grupo de personas pertenecientes o no a una corporacion. En el liberalismo está implicito siempre el valor tautológico del imperativo categorico kantiano (nunca ver a la humanidad como un medio sino como un fin en si mismo)

La idea aquí no es ahondar sobre las particularidades de la internacionalización, de la justicia o de la democracia, la idea es analizar normativamente la plausibilidad moral de la internacionalización frente a la idea que tenemos de la justicia y de la democracia, instalando a priori y de forma axiológica a la justicia y a la democracia como instituciones irrevocables y deseables de profundizar. Esto quiere decir que si partimos del supuesto de que la democracia y la justicia son indeseablen en sí mismas, como proponen las teorías negatorias del estado, este análisis que continúa caería en la falacia que justifica al gobierno, ya que me propongo dilucidar en que medida el nacionalismo (anti-internacionalismo) y el internacionalismo, ambas teorías modernas (no postmodernas como las negatorias que éticamente son relativistas y escépticas), resguardan y promueven a la justicia y a la democracia y fundamentalmente que idea ética de democracia y justicia promueven y resguardan, si es que lo hacen con alguna.

Luego de haber entendido a grandes rasgos estos tres conceptos y de reducirnos a lo que llamamos el impacto de la internacionalización sobre la justicia y la democracia podemos desarrollar el tema.

Existen dos visiones antagónicas sobre esta cuestión, una dice que la intrernacionalización es en si misma antidemocrática y como tal injusta mientras la otra dice que potencia la democracia y aumenta la justicia.

Si la democracia es el método de gobierno por el que un pueblo se autogobierna, la internacionalización de sus instituciones reduce el poder que ese pueblo tiene para autogobernarse, ya que las decisiones que el mismo toma, en democracia, tienen que ser sometidas al consenso internacional, para tener validez y eficacia. Las instituciones dejan de ser soberanas (nacionales) y pasaron a ser interdependientes (internacionales). El impacto de la internacionalización es negativo sobre la democracia porque la nación pierde su capacidad para crear políticas públicas de manera independiente, necesita someter sus proyectos de ley a la negociación con otras naciones, incluso se somete a adopatar automáticamente y con fuerza de ley las resoluciones de estas instituciones internacionales, compuestas por distintas representaciones nacionales, las que por lo demás, en muchas ocaciones, no son elegidas popularmente y se limitan a representar los intereses nacionales particulares, los que suelen ser motivos de discordias y conflictos, esto golpéa a la gobernabilidad, a la autonomía y a la libre determinación de los pueblos. La internacionalización es la pérdida de las instituciones democráticas a favor de instituciones más lejanas de los pueblos, más generales y menos coherentes con las diferencias e identidades locales.

Contráriamente, la otra visión ve a la internacionalización como el proceso de democratización del mundo, los pueblos unidos conforman al gran pueblo que es la humanidad en su conjunto. Una verdadera democracia es aquella que reconoce a la multiplicidad de actores en la toma de decisiones, que es inclusiva y que intenta controlar, de la manera lo más participativa posible, todas las cuestiones humanas, incluso las que escapan a su territorio, esto porque se parte de la base de que las sociedades son interdependientes, se necesitan las unas de las otras, es el reconocimiento de que se comparte un mismo mundo, que es necesaria la integración y la cooperación internacional para hacer frente a problemas mundiales, que de forma nacional son imposibles de encarar. Si bien es cierto que al internacionalizar las instituciones se pierde poder para decidir unilateralmente, también es cierto que se gana poder epistémico (democrático), es decir las decisiones al ser multilaterales tienden hacia la verosimilitud ya que son producto de un debate colectivo, entre distintas nacionalidades, luego del primer debate nacional, el cual dependiendo del caso puede llegar a no ser debate y ser una decisión unipersonal (gobiernos hiperpresidencialistas, monarquías absolutas, dictaduras). Es por esto que la internacionalización aumenta la democracia, al incremetar las instancias de debate y de decisión, al abrir la participación a más actores. Lo que si golpea a la gobernabilidad es la falta de cooperación entre los sectores en conflicto, los cuales no suelen ser exclusivamente nacionales. Los pueblos ganan soberanía con la internacionalización al aunemtar sus instancias institucionales, su alcance y, esto lo más importante, al crear una institución verdaderamente independiente y con imperio frente al estado. Es por esto que la soberanía si la pierde el gobierno representante del pueblo, pero la gana el pueblo.

La integración nacional se forja en el marco del derecho interno y de las instituciones estatales, la integración internacional se forja en el marco del derecho internacional. Es interesante contrastar al derecho interno y al internacional con la democracia. Las leyes nacionales están sustentadas en las constituciones nacionales, estás tienen el imperio de albergar a todos los individuos que estan dentro de sus jurisdicciones, sin importar el concentimiento explícito de estos a obligarse por dichas normas y sin tener estos la posibilidad de cambiarlas o modificarlas, según la libre elección de cada individuo, menos la capacidad de dejarlas sin efecto (esto en las democracias indirectas y semidirectas, en las cuales hay representantes). Las reformas constitucionales en las democracias representativas modernas tienen altos grados de dificultad, por lo general se necesitan mayorías especiales, sus contenidos tienen que ser lo suficientemente generales y son paquetes en sí mismo, los cuales por lo general se toman o se dejan. La integración internacional en cambio, al forjarse en el maco del derecho internacional, cuenta con mayor valor espistémico (democrático), esto porque los regímenes internacionales no se encuentras centralizados en un estado o constitución, por lo que su modificación es mucho menos engorrosa e interesa solo a las partes implicadas y a las temáticas conflictivas, donde jamás una parte tiene el imperio para obligar a la otra a abandorar cierto régimen o a ser parte de el, incluso al adherirse a un régimen internacional se tiene siempre la posibilidad de formular reservas, acto que permite la conservación de las particularidades e identidades locales. Todos los actos jurídicos internacionales, incluso las sentencias judiciales, se suetentan siempre en el libre concentimiento prestado en obligarse a dichas normas y casi no existen las normas irrevocables. Esto es así ya que los sujetos de derecho internacional son soberanos, mientras los sujetos de derecho interno no lo son, es por esto que un estado europeo tiene la capacidad de dejar de ser un miembro de la Unión Europea cuando estime conveniente, sin necesitar consenso europeo para ello; en cambio, un ciudadano no puede elegir las normas que lo amparan y menos denunciarlas, por eso se dice que es un sujeto sometido a un imperio de la ley, y de la fuerza.

En cuanto a la justicia debemos decir que una justicia (institución) es justa (valor), además de cuando logra la mayor imparcialidad posible, cuando los criterios de justicia o leyes y principos aplicables son elegidos libremente y voluntariamente por las personas que se amparán por las mismas, es decir por su valor epistémico o democrático en la creación de justicia. Al internacionalizar la justicia, dice el nacionalismo, se pierde su valor epistémico (democrático), es decir se pierde justicia como valor, esto porque los criterios, leyes y principios aplicables por la justicia internacional escapan a la voluntad de los individuos de una nación, que contaban con una justicia soberana, ellos ya no eligen sus instuticiones, las eligen los extranjeros, pesonas distintas y lejanas culturalmente, incapacitadas para entender las particularidades consuetudinarias de las múltiples y distintas comunidades nacionales. Es utópico pensar que todos los individuos de las distintas comunidades se deberían amparar bajo los mismos derechos, eso sería imperialismo de una cultura y atentaría contra las tradiciones y las culturas que tienen distintas formas de ortganización social y política. Es por esto que la internacionalización de la justicia es en si injusta, por ser antidemocrática y por querer imponer una misma ley a comunidades que tienen la libertad (soberanía) para crear sus propias leyes.

El argumento anteriormente expuesto es falaz, la internacionalización de la justicia capacita a la democracia al aumentar sus instancias institucionales (las cortes supremas nacionales dejan de ser la última instancia), al abrir la participación en sus desiciones y competencias a distintos actores de diversas comunidades nacionales, al potenciar la imparcialidad de la justicia, esto porque los jueces internacionales están más lejos de alcanzar por las influencias nacionales (es más facil presionar a una justicia nacional que a una internacional, es mas facil presionar a un poder en el país que a muchos países), la justicia internacional es más independiente de los estados que los poderes judiciales de los mismos estados (imparcialidad y división de poderes). No existe idea más justa que la que ve a todos los humanos iguales en su caracter de personas, de dignidad, sin discriminar por motivos de raza, sexo, lengua, ideología y nacionalidad. Todos con los mismos derechos inherentes a nuestra naturaleza humana y con un trato igual ante la justicia. Los Derechos Humanos son universales, ellos no son un imperio, se aceptan libremente por las comunidades en el marco del derecho internacional, del cual ya hemos hablado, los derechos humanos se basan en el respeto a la soberanía ya no solo del estado sino que de la persona humana, la cual es libre de determinar su cultura y a la cual se le deben garantizar los instrumentos necesarios para sobrevivir y alcanzar sus ideales de vida personales, para poder participar líbremente del proceso democrático (igualitario) de toma de deciciones. No podemos participar más activamente de la política si no tenemos garantizadas nuestras necesidades básicas (biológicas) y no logramos la base para una sociedad igualitaria en educación y autonomía frente al estado.

Es por esto que no debemos dejarnos engañar por falsas ideologías, debemos ser críticos e intentar de contrastar con la realidad lo que nos dicen, contrastar con lo que sabemos que es cierto, con nuestra naturaleza biológica, la cual no reconoce fronteras.

((((((EN CONSTRUCCIÓN)))))))